Yo estuve con los Zapatistas

chiapas64

Tras la densa niebla sus figuras empiezan a distinguirse. Son dos. Parecen jóvenes, aunque es difícil adivinar su edad tras el pasamontañas. Te estrechan la mano con un buenos días compañera. No puede negarse que casi no hablan español. Son las 11 de la mañana y tu corazón da un vuelco. Parece que han valido la pena los días de investigación, la hora y media de carretera entre montañas imposibles, los nervios. Estás a punto de entrar en una comunidad zapatista. Y es en ese momento en el que te preguntas cómo has llegado hasta aquí.

La primera vez que ves el mapa de México te fijas en Ella, Chiapas. Un rumor revolotea en tus oídos y las palabras se enmarañan en tu seño: revolución, derechos, indígenas. Y decides ir. Y decides saber.

Aterrizas en Cancún pensando en Chiapas. Huyes de Cancún pensando en Chiapas. Pasas por Playa del Carmen, descansas en la isla de Holbox. Las aguas del Caribe movilizan tus pensamientos, intentan ordenarlos, y sin conseguirlo, se funden con el cielo. Llegas a Mérida, cada vez más cerca de Ella. Mérida te distrae, capital cultural. La bailas, la escuchas, la saboreas. Capital superficial. Y buscas más.

Dieciséis horas de autobús nocturno te llevan a San Cristóbal de las Casas. En la carretera numerosos retenes militares te ponen alerta. Por fin llegaste. Estás en Chiapas. Donde empezó todo. Donde todo continúa aún.

En San Cristóbal hay niños vendiendo, turistas, iglesias, hay montañas, hay pizza. En San Cristóbal refresca por las noches. Hay mujeres, grafitis, y siglas: EZLN. En San Cristóbal puedes pasar de puntillas: dos días y carretera y manta. O puedes quedarte y saber.

Si preguntas, algunos te contarán sobre la revolución de hace ya 20 años. De ese 1 de Enero de 1994 en el que los pueblos indígenas de Chiapas dijeron basta y tomaron sus ayuntamientos. De esos 12 días de enfrentamiento con los militares estatales. De sus muertos de uno y otro bando que al fin y al cabo es uno solo, la humanidad. Y de cómo el mundo entonces los escuchó. Y de cómo dejaron las armas entonces para pasar a las palabras. Palabras que fueron oídas, que no escuchadas, por el gobierno. De sus años de acoso (para)militar. De sus miedos y sus fortalezas. Y hasta el día de hoy.

Ninguneados durante siglos, maltratados en sus propias tierras, amenazados por un mundo cada vez más globalizado, decidieron atacar. Los (cuestionables) medios fueron los que fueron pero sí dieron sus frutos: la presión de la comunidad internacional. Salieron a la luz. Y reivindicaron, y convocaron al mundo entero a un congreso sobre políticas diferentes, autogestión, protección de la tierra, comercio de proximidad, respeto a las comunidades indígenas, igualdad de sexos, educación.

Ellos hablan las antiguas lenguas mayas Tzotzil, Tzetzal y tantas más. Son mujeres y hombres orgullosos de sus orígenes que luchan para mantener vivas sus tradiciones, ajenos a la vida primermundista del más-tengo-más-quiero. Ahora viven en sus comunidades totalmente autogestionadas. No reciben ayuda alguna del gobierno, tampoco les rinden cuentas. Se organizan en lo que llaman Caracoles, agrupaciones asamblearias completamente democráticas. Caracol, el que lento va pero siempre avanza.

Y después de tanto leer, ver, oír, por fin estás allí. El Caracol dos. Donde ellos viven. Un cerco lo rodea y debes identificarte antes de entrar. En la puerta, un hombre y una mujer enmascarados vigilan. No hay armas. Tampoco identidades. Consigues entrar. Dos señores con pasamontañas te acompañan, aunque no te hablan. Tú preguntas, ellos si contestan a penas con monosílabos. Entiendes que sólo puedes observar. Así que a eso te dedicas. A penas una calle sin asfaltar. A lo largo casas humildes con coloridos murales. Está el Ché, está Zapata. Mil y una frases lapidarias.

Hay una escuela primaria y otra secundaria. Hay un hospital con urgencias y quirófano, ungüentos y hasta una ambulancia. Hay mujeres libres con niños colgados a sus espaldas. Una tienda. Artesanías en cooperativa. Libertad de pensamiento y de acción.

Y sales de allí con más preguntas de las que entraste, con menos prejuicios de los que pensabas, con el orgullo de la identidad, sin armas, con palabras, con sus palabras:

Y miren lo que son las cosas,

para que nos vieran nos tapamos el rostro,

para que nos nombraran nos negamos el nombre,

apostamos el presente para tener futuro,

y para vivir… morimos

(comandante insurgente Marcos)

 

*Para saber más:

chiapas55

http://enlacezapatista.ezln.org.mx/2005/11/13/sexta-declaracion-de-la-selva-lacandona/

http://desinformemonos.org/2013/12/especial-aniversario-zapatista/

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3 pensamientos en “Yo estuve con los Zapatistas

  1. Bonita experiencia; pero arriesgada, al leer el relato, a mí tb me ha dado un vuelco el corazón. Eso si que es “saber viajar”. Las fotos, preciosas,
    Besicos.

  2. Menos mal que aún existen utopías…!!
    Wala neng! Los Fray en zona revolucionaria, quina passada!! Visca el poble indígena!!!!!!! Tierra y libertad!!!!
    Les fotos de Chiapas m’encanten, xeics!
    besitus mil!

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