Lombok, el secreto. Lombok, el tesoro

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Lombok.

Puede que sea la primera vez que oigas ese nombre. Búscalo en el mapa. ¿Ya lo tienes? Ahora mira a su izquierda, hacia el oeste. Exacto, Bali. Ahora sí la sitúas, ¿verdad?

Lombok, la vecina solterona de enfrente, la amiga simpática.

Y gracias a ello

Lombok, el secreto. Lombok, el tesoro.

A la sombra de un grande como Bali, Lombok ha conseguido guardar recelosa sus aguas turquesas, su arena blanca, sus costumbres, su esencia.

Lombok es selectiva. Sólo se muestra a aquél que se aventura a cruzar la frontera de la cómoda Bali. Ella se cubre la cabeza en señal de respeto al Corán. Reza a viva voz desde las mezquitas.

Bella e inteligente, te acunará entre sus brazos si decides luchar a su lado. Intentará conseguir tu dinero. Pónselo fácil y se reirá de ti. Pelea hasta el final y se rendirá a tus pies.

Y será ahí, justo en ese instante, cuando estarás preparado para conocer sus islas Gili. Minúsculas islas donde no existe el tráfico motorizado, ni la policía, ni el ruido. Islas donde podrás andar y andar en círculos, hablar y hablar en círculos, no pensar. Comer papaya. Conocer, conocerte y dejar que te conozcan.

Y de camino a Bali (porque acabarás yendo a Bali, como todos) caerás en la cuenta de la belleza que esconden las amigas simpáticas, las solteronas vecinas de enfrente. La belleza que cuesta ver y que tan gratificante es cuando se encuentra.

Lombok, el secreto. Lombok, el tesoro.