De Kyoto a Kuala Lumpur pasando por Osaka (y esquivando un Tifón)

-Abro paréntesis-

¿Os habéis fijado que si repetís Kyoto muchas veces, suena a Tokyo?

-Cierro paréntesis-

Y hasta aquí la reflexión del día.

 Kyoto es una ciudad sagrada. Huele a incienso y a bambú. A té verde. A lluvia. A historia y religión. Repleta de Templos y Santuarios, Kyoto es la vibrante representación de las dos religiones mayoritarias en Japón: el Budismo y el Sintoísmo. Imposible andar dos pasos sin, literalmente, chocar con un lugar sagrado (pero bueno, no te líes tanto y ¡ves a lo del Tifón!)

Kyoto no es Tokyo. Como un japonés la definió, Kyoto es más latina. Nada de reverencias, porfavores ni perdones. Más salvaje. Más difícil. Y es que Kyoto ha sido colonizada por los turistas (venga, ¡dale a lo del Tifón!)

Y los turistas (leer en modo despectivo) arrasamos con todo lo que está a nuestro alrededor, cual estival Tifón (yeah! Qué bien conducido)

Lunes 8 a.m. Kyoto Station. Caos. Lleva dos días lloviendo sin parar. Pero me gusta. La estación es un hervidero de gente-maletas-ruido. Algo pasa. No hay trenes. Tifón. Osaka. ¿Tifón? Por fin viene un tren. Ríos repletos. Nubes. Charcos. De pronto, sol. Osaka Station. Lunes 13 p.m.

Osaka no suena a Tokyo en la repetición pero se le parece en la realidad, y mucho. Con su ostentosa iluminación clamando a gritos consumismo, nunca duerme. Como en cualquier gran ciudad, todo está visto y todo está por ver. 3 millones de habitantes separados por sexos en los vagones del tren. Merece la pena.

Miércoles 5:30 a.m. Despertador. Mochila. Aeropuerto. Kuala Lumpur. Otro mundo.

IMG_6477